lunes, 16 de abril de 2012

Habilidades Primero Medio

HABILIDADES
LECTURA
ESCRITURA
COMUNICACIÓN ORAL
Leer fluidamente.
Comunicar ideas de diversa complejidad.
Compartir experiencias e ideas con otros
Comprender el significado literal
de los textos.
Compartir experiencias e ideas con otros
Emplear un vocabulario adecuado y pertinente.
Comprender textos visuales
(dibujos, diagramas, tablas, íconos,
mapas, gráficos).
Emplear un vocabulario variado y pertinente.
Utilizar un lenguaje paraverbal y no verbal adecuado.
Inferir significados no literales de los textos.
Expresarse y desarrollar ideas de manera coherente y ordenada.
Adecuar su registro de habla y vocabulario a la situación comunicativa
Comparar diversos textos entre sí,
considerando sus características
formales
Escribir cohesionadamente
Expresarse con claridad y precisión en diversas situaciones comunicativas,
especialmente formales.
Comparar ideas presentes en los textos, con otros textos y con ideas propias
Profundizar en temas de interés
Fundamentar sus opiniones
Sintetizar información.
Adecuar sus escritos al tema, propósito y destinatario.
Escuchar respetuosamente
y con atención
Analizar e interpretar textos con
diversos niveles de complejidad.
Analizar la propia escritura y la de otros.
Comprender los mensajes escuchados en diversas instancias comunicativas.
Evaluar críticamente los textos
que leen.
Elaborar y evaluar sus propios argumentos.
Escuchar selectivamente partes del texto para extraer información
específica y organizarla.


Inferir significados implícitos en los
mensajes escuchados.


Evaluar críticamente los
argumentos ajenos.

Motivación

Querido alumno (a):
Hace algún tiempo tú llegaste a la vida como la flor más hermosa, esa flor ahora está en tus manos, de ti depende que permanezca bella, que no se marchite, ni que comience a deshojarse, si tú logras valorar esa hermosa flor que es tu propia vida, permitirás que cada uno de los que queremos ayudarte en tu formación, te tendamos una mano, para guiarte y conducirte con nuestra experiencia vivida por el camino de esfuerzo, disciplina y compromiso porque desde hoy has comenzado ya a elaborar tu futuro y te insto a que llegues hasta el último peldaño del éxito personal para que alcances la felicidad, el verdadero amor y la plenitud que no se encuentra a la orilla del camino sino en la cima más alta de la escalera de tu vida, permanece en el esfuerzo de no caer de nuevo sino avanzar hacia el peldaño siguiente. Puede que muchos amigos, maestros, familiares
pasen por tu vida, iluminando y guiando tu camino y eso te dará fortaleza y te impulsará a seguir adelante...
Pero por más consejos que recibas no será mágico tu cambio sino sólo sucederá cuando tú decidas, cuando te reconcilies contigo mismo, cuando aprecies todo lo que tienes, cuando veas cuáles son tus herramientas disponibles y cuáles son tus puntos a mejorar, es en ese momento cuando verás aclarar el camino, es cuando aprenderás a confiar... a tener ``FE`` a saber que eres tú la única persona capaz de cambiar el rumbo de las cosas... sólo tú tienes la fortaleza para conducir tu vida por el mejor de los senderos tus acciones deben estar orientadas a lograr la victoria peldaño tras peldaño. ¡Ánimo , tú lo lograrás!
Con cariño y amor tu profesora Magdalena

Motivación

Carpeta de Lenguaje
MI QUERIDO ALUMNO (A)…………………………………..
En tus manos está la planta más maravillosa del universo:
Tu vida, tu futuro, tus sueños, tus anhelos, tu felicidad y tu plenitud. DE TI depende que esta planta crezca, florezca y dé muchos frutos. Esmérate por cuidarla día a día. Riégala con esfuerzo y dedicación a tus estudios bríndale un ambiente de paz y armonía con tu buena conducta y con el buen trato a cada uno de tus compañeros. Ten la certeza que tú eres la mayor riqueza y que para conservar ésta es necesario adoptar el clima más adecuado, lleno de hermosos sentimientos donde no tengas miedo de ser un excelente hijo, un buen compañero, un admirable alumno, un exitoso profesional y un amigo que cada uno de nosotros quisiera tener por su lealtad, sinceridad, sencillez y su noble corazón.
Cuida las palabras que diriges a los demás para que a tu alrededor exista sólo armonía y paz. Disfrutemos juntos las horas de clases, yo descubriendo que avanzas en sabiduría y conocimientos y tú aceptando que te guíe en tu aprendizaje diario y que muchas veces te recuerde la razón de tus madrugadas y la calidad de tu desempeño dentro de una sala de clases.
Confiando en tu deseo de superación y en tu gran riqueza como persona te insto a ser cada día mejor porque sé que tú puedes.
Con cariño y aprecio:
Tu profesora Magdalena.

Guía del género narrativo

GUÍA GÉNERO NARRATIVO.

I.- HISTORIA DEL GÉNERO NARRATIVO.

La narrativa es una creación en prosa que representa un mundo ficticio, tomando como referente lo cotidiano, lo real. Sus orígenes están en la épica. Y el desarrollo de esta implica la transformación de la epopeya. (Corresponde a la época antigua y que se caracteriza por un sinnúmero de personajes e intervenciones de dioses y seres mitológicos) género narrativo en verso- , ambas emparentadas por representar un mundo abigarrado y amplio, con una perspectiva temporal que favorece el pasado.

II.- CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES DEL GÉNERO NARRATIVO

1.- Crea un mundo ficticio constituido por espacios, tiempos y personajes.
2.- Posee al narrador que nos presenta este mundo.
3.- Esta escrita en prosa (exceptuando la épica).
4.- Se destaca la función representativa del lenguaje.

III.- TIPOS DE NARRADORES: Se clasifican en heterodiegéticos y homodiegéticos.

1.-_Homodiegetico. Se llama así el narrador que forma parte de la historia e interviene en los sucesos narrados (homo: igual; diégesis: historia) y puede ser protagonista, testigo, narrador secundario.
a.-_ Narrador protagonista: esta ubicado dentro de la acción, este narrador, que es el personaje principal o protagonista, nos cuenta su vida o parte de ella, en primera persona gramatical. (Yo) en “EL NIÑO QUE ENLOQUECIO DE AMOR”, del escritor chileno Eduardo Barrios, es el propio niño quien nos manifiesta su amor hacia Angélica, sus ilusiones y sus desmedidos e iracundos celos, sentimientos tan intensos que terminan desquiciando a esta alma joven, de nueve años, a quien la vida apresuro el ritmo, cuando solo conocía de juegos y de bromas infantiles.

“ya lleva quince días Angélica sin venir, es bien extraño, yo no tengo humor ni para mi diario, no duermo ni estudio, ni puedo hacer nada en paz. Antes me desvelaba solamente cuando ella venía y me abrazaba o cuando tenía una mala noticia ella; pero ahora es lo de todas las noches, lo de todas las noches de dios… si ni siquiera puedo escribir. Y es que, como no duermo, tengo la cabeza abombada y no se me ocurre sino estar triste. Y me duele el corazón… ¡mi Angélica, mi Angeliquita, ven, ven, ven…¡


b.- Narrador testigo: es un personaje que, desde su ángulo personal, cuenta en primera persona gramatical la historia en que participa, sin ser el protagonista. El está en mayor o menor grado involucrado en la acción como el comportamiento de los otros personajes.
En el cuento “EL HOMBRE”, del mexicano Juan Rulfo, tenemos un claro ejemplo:
“lo vi. Desde que se zambulló en el río. Apechugó el cuerpo y luego se dejo ir corriendo abajo, sin manotear, como si caminara pisando en el fondo, después rebalso la orilla y puso sus trapos a secar, lo vi. Que temblaba de frío, hacía aire y estaba nublado”.

c.- Narrador personaje secundario: Participa de la historia, pero no es el actor principal, sino que actúa como colaborador de otro personaje con el que esta relacionado, es un personaje que, desde su particular punto de vista cuenta los hechos de los que forma parte. No es tan subjetiva como la historia del propio protagonista. Se produce cuando uno de los personajes secundario (o menos importante) que acompañan a los protagonistas aparece como narrador. El ejemplo más cercano se refiere al doctor Watson, contando las aventuras de Sherlock Holmes.

Mi interés por el (Sherlock Holmes) y mi curiosidad por conocer cuales eran las finalidades de su vida fueron haciéndose mayores y mas profundos a medida que transcurrían las semanas. Este narrador es homodiegetico, porque participa de la acción, pero narra en tercera persona.

Otro ejemplo; “por aquella época el vivía en la colonia linduvista, pero al cabo de unos meses sus padres se cambiaron de casa y se fueron a vivir a la colonia, Nápoles. Me hice su amiga .los primeros días, mientras reunían valor para hablarle, lo miraba jugar fútbol en el patio, le encantaba jugar, y yo lo miraba desde las escaleras y me parecía el muchacho más hermoso que jamás había visto. En la preparatoria, el pelo largo estaba prohibido, pero el tenía el pelo largo y cuando jugaba fútbol se sacaba la camisa y jugaba con el torso desnudo”.
2.- Narrador Heterodiegético: hetero; diferente no forma parte de la historia, narra en tercera persona.

a.- Narrador omnisciente o de conocimiento absoluto: Narra en 3ª persona, conoce e interpreta todos los acontecimientos, conoce las causas del comportamiento interno y externo de los personajes, conoce el presente, pasado y futuro de ellos, no solamente se dedica informar si no da a conocer lo que piensan de los personajes, también formula juicios personales. Este tipo de narrador lo puedes encontrar en numerosas obras narrativas, por ejemplo, en el cuento “MISA DE RÉQUIEM”:
“Esto es el fin, pensó el sacerdote, con una especie de escalofríos interior. Como independientes de él – dos palomas-, sus manos revolotearon en el aire limpio de la mañana y fueron a juntarse sobre el misal. Había en ellas una suerte de nimbo blanco: el reverbero del sol recién amanecido, bajo cuyo toque se tornaban difusos los contornos, produciendo un eco de luz que traía a la memoria la imagen del espíritu santo, pero el sacerdote no pensaban en el espíritu santo, ni en palomas: no tengo escapatoria”.

b.- Narrador parcial, observador o de conocimiento relativo: Narra en 3ª persona gramatical, su conocimiento es relativo, domina el plano visible de los acontecimientos y solo puede describir la conducta externa de los personajes, no emite juicios personales no interviene en la acción.
Por ejemplo, en el cuento “Conversación”, del argentino Eduardo Mallea, la mirada del narrador se mueve ordenadamente desde un personaje a otro y desde uno a otro detalle, captando la exterioridad de ellos. La movilidad del punto de vista del narrador es similar a los movimientos de una cámara de cine.

“el no contestó, entraron en el bar. El pidió un whisky con agua; ella pidió un whisky con agua. El la miro, ella tenía un gorro de terciopelo negro apretándole la pequeña cabeza; sus ojos se habrían, oscuros, en una zona azul; ella se fijo en la corbata de el, roja, con las pintas blancas sucias, con el nudo mal hecho”.

IV.- LAS MANIFESTACIONES LITERARIAS O FORMAS NARRATIVAS:

1.- Novela, cuento, micro cuento, leyenda, mito, fábula, crónica, ensayo, fábulas, parábolas, poemas y romances.


2.- Formas estructuradas no literarias: Testimonios, biografías, autobiografías, memorias, diarios de viajes, diarios íntimos o de vida, crónicas periodísticas, chistes, copuchas, chismes, predomina en la narración, las frases afirmativas y las formas verbales en modo indicativo. El aspecto fundamental de una obra literaria reside en el hecho de ser un relato. Por relato se entiende una narración de hechos distribuidos en una secuencia temporal. En consecuencia, relatar es contar algo en sentido recto, de avance gradual hasta un desenlace.
Si la columna vertebral de cualquier obra narrativa es el relato, entonces el autor debe disponer los acontecimientos de tal modo que se provoque el suspenso o la curiosidad en sus lectores.
Debes recordar que el autor, NO es lo mismo que el narrador. El autor es quien escribió el texto narrativo, el narrador es la voz que narra el relato. Por lo tanto, el narrador es un ente ficticio creado por el autor con el objetivo de contarnos la historia creada por este, y su tipo dependerá de las intenciones del autor.
a.- Novelas: Son las obras escritas en forma de relato, que plantean temas de hombre con una determinada intención literaria, una novela es expresión no copia ni calco. Lo que busca el novelista es expresar la vida, como el la interpreta. Las características de la novela son:
La extensión.
Evolución sicológica: Los personajes no se presentan de una manera estática. Al estar comprometidos de una historia, son observados en su evolución sicológica. A los personajes les ocurre algo similar que a nosotros en la vida real. Aunque sigan siendo de los mismos a través de la novela, van cambiando interiormente, de acuerdo a las necesidades y fines que persigue el narrador.

b.- El cuento: Es un relato que crea un mundo narrativo particular, en el que se advierte una línea de acción, pocos personajes (no observados en su evolución sicológica), normalmente un espacio y tiempo únicos, todo lo cual confluye en el desenlace breve. Algunas características del cuento son:

Ø Narración breve: Crea un mundo narrativo más reducido, debido a que la acción es una y transcurre, generalmente, en un único espacio, con la participación de pocos personajes.

Ø Organización de los elementos narrativos: Importa la forma en que el autor organiza los sucesos para alcanzar cierto final. Así, un cuento puede empezar en forma cronológica, por el cuerpo del asunto o por el final, para luego volver hacia atrás, mediante el flash back o el racconto.

Ø Desenlace breve: El desenlace adquiere una característica especial, pues normalmente es sorpresivo y breve; este desenlace deja un recuerdo persistente en el lector, puede ser abierto o cerrado.

Ø Personajes: No necesita retratar muchos personajes. El núcleo reside en una o dos figuras y debe atender a reproducir al estado anímico y mental del personaje a través de sus actos, antes que el relato descriptivo.
VI.- EL ESTILO O MODOS NARRATIVOS: Es la forma que tiene el narrador de utilizar los acontecimientos. Estos estilos pueden ser:
1.- Estilo directo: Predomina el diálogo de los personajes, se le reconoce porque utiliza signos de puntuación como dos puntos o rayas y también porque tiene ciertas expresiones verbales, por ejemplo: dijo, señaló, manifestó.
Ejemplo:
“- no te diré nunca, afirmo la niña.
- te obligare a ello, dijo el padre muy enojado.
- ella estaba asustada y dijo: “no le diré nunca”.

2.- El estilo indirecto: No existe diálogo, el narrador se encarga de reproducir todas las palabras y los pensamientos de los personajes.
Ejemplo: “Ella sabía algo, pero nunca se lo diría a su padre, quien enfureció intentada sacarle la verdad de lo acontecido.”

3.- El estilo indirecto libre: Es una mezcla del estilo directo e indirecto. El narrador se mantiene, pero habla desde el interior del personaje.
Ejemplo: “Su padre estaba como enloquecido, ante los acontecimientos ocurridos y para ello llamó rápidamente a su hija, a quien obligo a decir toda la verdad, ella temblorosamente decía: nunca le diré nada, así me mate”.
VII.- TECNICAS DE ELABORACIÓN DEL TIEMPO:
Los acontecimientos de los autores, también han integrado algunas técnicas de cine, entre ellas encontramos: flash-back, raconto.
1.- Flash back: Es un retroceder al pasado, en forma breve.

2.- Raconto: Es un retroceder al pasado, pero en forma mas prolongada.

La lectura puede ser ordenada- mediante la organización lineal del tiempo en pretérito, presente y futuro, o bien, ser desordenada- la historia comienza en la mitad de los acontecimientos in medias res, o por el desenlace in extremas res, por ejemplo. Esta organización de los sucesos, generada por el narrador, obedece no a un capricho del autor, sino a una disposición artística de los acontecimientos que busca un efecto determinado, el verbo es la categoría gramatical encargada de señalar tiempos y acciones.

Ejemplo: “Su padre estaba como enloquecido, ante los acontecimientos ocurridos y para ello llamo rápidamente a su hija, a quien obligo a decir toda la verdad, ella temblorosamente decía: nunca le diré nada así me mate”.


VIII.- TECNICAS NARRATIVAS, DE LA LITERATURA CONTEMPORANEA.
1.- In media res o principio abrupto: consiste en iniciar la acción cuando esta se encuentra en pleno desarrollo, sin haber presentado previamente a los personajes.
Ejemplo: “Hijo de ladrón”, Manuel rojas.

2.- Estructura inversa: el autor adelanta el desenlace, posteriormente se dedica a contar como los acontecimientos evolucionan hasta llegar a ese final. Ejemplo: “Gracia y el forastero”, Guillermo Blanco.

3.- Final abierto: La historia no termina de resolverse ni positiva ni negativamente, de manera que el lector percibe la sensación de que la acción se extiende más allá de los límites de la novela. Ejemplo: película, “La laguna azul”, primera parte.

CUESTIONARIO

1.- Defina narrativa.

2.- Nombre las características del género narrativo.

3.- Defina narrador homodiegético y el heterodiegético.

4.- Defina y dé un ejemplo de narrador omnisciente.

5.- Defina y dé un ejemplo de narrador observador.

6.- Defina y dé un ejemplo de narrador protagonista

7.- Defina y dé un ejemplo de narrador testigo

8.- Desde el punto de vista de la persona gramatical. ¿En qué se diferencia los narradores omnisciente, parcial- observador; de los narradores protagonistas, testigo y personaje secundario.

9.- Selecciona diferentes textos e identifica los tipos de narradores y sus características para que refuerces tu aprendizaje.

10.- Nombre y defina los tipos de personajes de una obra narrativa.

11.- ¿Por qué se dice que los personajes secundarios son complementarios?

12.- ¿Cuáles son los diversos estilos o modos narrativos?, mencione sus características y dé un ejemplo de cada uno.

13.- Nombre cinco formas narrativas.

14.- Defina novela y cuento.

15.- Defina flash back y racconto.

16.- Nombre defina y dé un ejemplo de:

a.- In media res o principio abrupto.
b.- Estructura inversa

Para la carpeta de Lenguaje: El Vaso de Leche (Manuel Rojas)

El vaso de leche Manuel Rojas
Afirmado en la barandilla de estribor, el marinero parecía esperar a alguien. Tenía en la mano izquierda un envoltorio de papel blanco, manchado de grasa en varias partes. Con la otra mano atendía la pipa.
Entre unos vagones apareció un joven delgado; se detuvo un instante, miró hacia el mar y avanzó después, caminando por la orilla del muelle con las manos en los bolsillos, distraído o pensando.
Cuando pasó frente al barco, el marinero le gritó en inglés:
-I say; look here! (¡Oiga, mire!)
El joven levantó la cabeza y, sin detenerse, contestó en el mismo idioma:
-Hallow! What? (¡Hola! ¡Qué?)
-Are you hungry? (¿Tiene hambre?)
Hubo un breve silencio, durante el cual el joven pareció reflexionar y hasta dio un paso más corto que los demás, como para detenerse; pero al fin dijo, mientras dirigía al marinero una sonrisa triste:
-No, I am not hungry! Thank you, sailor. (No, no tengo hombre. Muchas gracias, marinero.)
-Very well. (Muy bien.)
Sacose la pipa de la boca el marinero, escupió y colocándosela de nuevo entre los labios, miró hacia otro lado. El joven, avergonzado de que su aspecto despertara sentimientos de caridad, pareció apresurar el paso, como temiendo arrepentirse de su negativa.
Un instante después un magnífico vagabundo, vestido inverosímilmente de harapos, grandes zapatos rotos, larga barba rubia y ojos azules, pasó ante el marinero, y éste, sin llamarlo previamente, le gritó:
-Are you hungry?
No había terminado aún su pregunta cuando el atorrante, mirando con ojos brillantes el paquete que el marinero tenía en las manos, contestó apresuradamente:-Yes, sir, I am very hungry! (Sí, señor, tengo harta hambre.)
Sonrió el marinero. El paquete voló en el aire y fue a caer entre las manos ávidas del hambriento. Ni siquiera dio las gracias y abriendo el envoltorio calentito aún, sentose en el suelo, restregándose las manos alegremente al contemplar su contenido. Un atorrante de puerto puede no saber inglés, pero nunca se perdonaría no saber el suficiente como para pedir de comer a uno que hable ese idioma.
El joven que pasara momentos antes, parado a corta distancia de allí, presenció la escena.
Él también tenía hambre. Hacía tres días justos que no comía, tres largos días. Y más por timidez y vergüenza que por orgullo, se resistía a pararse delante de las escalas de los vapores, a las horas de comida, esperando de la generosidad de los marineros algún paquete que contuviera restos de guisos y trozos de carne. No podía hacerlo, no podría hacerlo nunca. Y cuando, como es el caso reciente, alguno le ofrecía sus sobras, las rechazaba heroicamente, sintiendo que la negativa aumentaba su hambre.
Seis días hacía que vagaba por las callejuelas y muelles de aquel puerto. Lo había dejado allí un vapor inglés procedente de Punta Arenas, puerto en donde había desertado de un vapor en que servía como muchacho de capitán. Estuvo un mes allí, ayudando en sus ocupaciones a un austriaco pescador de centollas, y en el primer barco que pasó hacia el norte embarcose ocultamente. Lo descubrieron al día siguiente de zarpar y enviáronle a trabajar en las calderas. En el primer puerto grande que tocó el vapor lo desembarcaron, y allí quedó, como un fardo sin dirección ni destinatario, sin conocer a nadie, sin un centavo en los bolsillos y sin saber trabajar en oficio alguno. Mientras estuvo allí el vapor, pudo comer, pero después... La ciudad enorme, que se alzaba más allá de las callejuelas llenas de tabernas y posadas pobres, no le atraía; parecíale un lugar de esclavitud, sin aire, oscura, sin esa grandeza amplia del mar, y entre cuyas altas paredes y calles rectas la gente vive y muere aturdida por un tráfago angustioso.
Estaba poseído por la obsesión del mar, que tuerce las vidas más lisas y definidas como un brazo poderoso una delgada varilla.
Aunque era muy joven había hecho varios viajes por las costas de América del Sur, en diversos vapores, desempeñando distintos trabajos y faenas, faenas y trabajos que en tierra casi no tenían explicación.
Después que se fue el vapor anduvo, esperando del azar algo que le permitiera vivir de algún modo mientras volvía a sus canchas familiares; pero no encontró nada. El puerto tenía poco movimiento y en los contados vapores en que se trabajaba no lo aceptaron.
Ambulaban por allí infinidad de vagabundos de profesión; marineros sin contrata, como él, desertados de un vapor o prófugos de algún delirio; atorrantes abandonados al ocio, que se mantienen de no se sabe qué, mendigando o robando, pasando los días como las cuentas de un rosario mugriento, esperando quién sabe qué extraños acontecimientos, o no esperando nada, individuos de las razas y pueblos más exóticos y extraños, aun de aquellos en cuya existencia no se cree hasta no haber visto un ejemplar.*
Al día siguiente, convencido de que no podría resistir mucho más, decidió recurrir a cualquier medio para procurarse alimentos.
Caminando, fue a dar delante de un vapor que había llegado la noche anterior y que cargaba trigo. Una hilera de hombres marchaba, dando la vuelta, al hombro los pesados sacos, desde los vagones, atravesando una planchada, hasta




la escotilla de la bodega, donde los estibadores recibían la carga. Estuvo un rato mirando hasta que atreviose a hablar con el capataz, ofreciéndose. Fue aceptado y animosamente formó parte de la larga fila de cargadores.
Durante el tiempo de la jornada trabajó bien; pero después empezó a sentirse fatigado y le vinieron vahídos, vacilando en la planchada cuando marchaba con la carga al hombro, viendo a sus pies la abertura formada por el costado del vapor y el murallón del muelle, en el fondo de la cual, el mar, manchado de aceite y cubierto de desperdicios, glogloteaba sordamente.
A la hora de almorzar hubo un breve descanso y en tanto que algunos fueron a comer en los figones cercanos y otros comían lo que habían llevado, él se tendió en el suelo a descansar, disimulando su hambre.
Terminó la jornada completamente agotado, cubierto de sudor, reducido ya a lo último. Mientras los trabajadores se retiraban, se sentó en unas bolsas acechando al capataz, y cuando se hubo marchado el último acercose a él y confuso y titubeante, aunque sin contarle lo que le sucedía, le preguntó si podían pagarle inmediatamente o si era posible conseguir un adelanto a cuenta de lo ganado.
Contestole el capataz que la costumbre era pagar al final del trabajo y que todavía sería necesario trabajar el día siguiente para concluir de cargar el vapor. ¡Un día más! Por otro lado, no adelantaban un centavo.
-Pero -le dijo-, si usted necesita, yo podría prestarle unos cuarenta centavos... No tengo más.
Le agradeció el ofrecimiento con una sonrisa angustiosa y se fue. Le acometió entonces una desesperación aguda. ¿Tenía hambre, hambre, hambre! Un hambre que lo doblegaba como un latigazo; veía todo a través de una niebla azul y al andar vacilaba como un borracho. Sin embargo, no había podido quejarse ni gritar, pues su sufrimiento era obscuro y fatigante; no era dolor, sino angustia sorda, acabamiento; le parecía que estaba aplastado por un gran peso. Sintió de pronto como una quemadura en las entrañas, y se detuvo. Se fue inclinando, inclinando, doblándose forzadamente y creyó que iba a caer. En ese instante, como si una ventana se hubiera abierto ante él, vio su casa, el paisaje que se veía desde ella, el rostro de su madre y el de sus hermanos, todo lo que él quería y amaba apareció y desapareció ante sus ojos cerrados por la fatiga...Después, poco a poco, cesó el desvanecimiento y se fue enderezando, mientras la quemadura se enfriaba despacio. Por fin se irguió, respirando profundamente. Una hora más y caería al suelo.
Apuró el paso, como huyendo de un nuevo mareo, y mientras marchaba resolvió ir a comer a cualquier parte, sin pagar, dispuesto a que lo avergonzaran, a que le pegaran, a que lo mandaran preso, a todo; lo importante era comer, comer, comer. Cien veces repitió mentalmente esta palabra; comer, comer, comer, hasta que el vocablo perdió su sentido, dejándole una impresión de vacío caliente en la cabeza
No pensaba huir; le diría al dueño: "Señor, tenía hambre, hambre, hambre, y no tengo con qué pagar... Haga lo que quiera".
Llegó hasta las primeras calles de la ciudad y en una de ellas encontró una lechería. Era un negocio muy claro y limpio,
lleno de mesitas con cubiertas de mármol: Detrás de un mostrador estaba de pie una señora rubia con un delantal blanquísimo.
Eligió ese negocio. La calle era poco transitada. Habría podido comer en uno de los figones que estaban junto al muelle, pero se encontraban llenos de gente que jugaba y bebía.
En la lechería no había sino un cliente. Era un vejete de anteojos, que con la nariz metida entre las hojas de un periódico, leyendo, permanecía inmóvil, como pegado a la silla. Sobre la mesita había un vaso de leche a medio consumir. Esperó que se retirara, paseando por la acera, sintiendo que poco a poco se le encendía en el estómago la quemadura de antes, y esperó cinco, diez, hasta quince minutos. Se cansó y parose a un lado de la puerta, desde donde lanzaba al viejo una miradas que parecían pedradas.
¿Qué diablos leería con tanta atención! Llegó a imaginarse que era un enemigo suyo, quien, sabiendo sus intenciones, se hubiera propuesto entorpecerlas. Le daban ganas de entrar y decirle algo fuerte que le obligara a marcharse, una grosería o una frase que le indicara que no tenía derecho a permanecer una hora sentado, y leyendo, por un gasto reducido.
Por fin el cliente terminó su lectura, o por lo menos, la interrumpió. Se bebió de un sorbo el resto de leche que contenía el vaso, se levantó pausadamente, pagó y dirigiose a la puerta. Salió; era un vejete encorvado, con trazas de carpintero o barnizador.
Apenas estuvo en la calle, afirmose los anteojos, metió de nuevo la nariz entre las hojas del periódico y se fue, caminando despacito y deteniéndose cada diez pasos para leer con más detenimiento.
Esperó que se alejara y entró. Un momento estuvo parado a la entrada, indeciso, no sabiendo dónde sentarse; por fin eligió una mesa y dirigiose hacia ella; pero a mitad de camino se arrepintió, retrocedió y tropezó en una silla, instalándose después en un rincón.
Acudió la señora, pasó un trapo por la cubierta de la mesa y con voz suave, en la que se notaba un dejo de acento español, le preguntó:
-¿Qué se va a servir?




Sin mirarla, le contestó:
-Un vaso de leche.
-¿Grande?-Sí, grande.
-¿Solo?-¿Hay bizcochos?
-No; vainillas.
-Bueno, vainillas.
Cuando la señora se dio vuelta, él se restregó las manos sobre las rodillas, regocijado, como quien tiene frío y va a beber algo caliente. Volvió la señora y colocó ante él un gran vaso de leche y un platito lleno de vainillas, dirigiéndose después a su puesto detrás del mostrador. Su primer impulso fue beberse la leche de un trago y comerse después las vainillas, pero en seguida se arrepintió; sentía que los ojos de la mujer lo miraban con curiosidad. No se atrevía a mirarla; le parecía que, al hacerlo, conocería su estado de ánimo y sus propósitos vergonzosos y él tendría que levantarse e irse, sin probar lo que había pedido.
Pausadamente tomó una vainilla, humedeciola en la leche y le dio un bocado; bebió un sorbo de leche y sintió que la quemadura, ya encendida en su estómago, se apagaba y deshacía. Pero, en seguida, la realidad de su situación desesperada surgió ante él y algo apretado y caliente subió desde su corazón hasta la garganta; se dio cuenta de que iba
a sollozar, a sollozar a gritos, y aunque sabía que la señora lo estaba mirando no pudo rechazar ni deshacer aquel nudo ardiente que le estrechaba más y más. Resistió, y mientras resistía comió apresuradamente, como asustado, temiendo que el llanto le impidiera comer. Cuando terminó con la leche y las vainillas se le nublaron los ojos y algo tibio rodó por su nariz, cayendo dentro del vaso. Un terrible sollozo lo sacudió hasta los zapatos.
Afirmó la cabeza en la manos y durante mucho rato lloró, lloró con pena, con rabia, con ganas de llorar, como si nunca hubiese llorado.
Inclinado estaba y llorando, cuando sintió que una mano le acariciaba la cansada cabeza y que una voz de mujer, con un dulce acento español, le decía:
-Llore, hijo, llore...
Una nueva ola de llanto le arrasó los ojos y lloró con tanta fuerza como la primera vez, pero ahora no angustiosamente, sino con alegría, sintiendo que una gran frescura lo penetraba, apagando eso caliente que le había estrangulado la garganta. Mientras lloraba pareciole que su vida y sus sentimientos se limpiaban como un vaso bajo un chorro de agua, recobrando la claridad y firmeza de otros días.
Cuando pasó el acceso de llanto se limpió con su pañuelo los ojos y la cara, ya tranquilo. Levantó la cabeza y miró a la señora, pero ésta no le miraba ya, miraba hacia la calle, a un punto lejano, y su rostro estaba triste. En la mesita, ante él, había un nuevo vaso de leche y otro platillo colmado de vainillas; comió lentamente, sin pensar en nada, como si nada le hubiera pasado, como si estuviera en su casa y su madre fuera esa mujer que estaba detrás del mostrador.
Cuando terminó ya había oscurecido y el negocio se iluminaba con una bombilla eléctrica. Estuvo un rato sentado, pensando en lo que le diría a la señora al despedirse, sin ocurrírsele nada oportuno.
Al fin se levantó y dijo simplemente:
-Muchas gracias, señora; adiós..
-Adiós, hijo... -le contestó ella.Salió. El viento que venía del mar refrescó su cara, caliente aún por el llanto. Caminó un rato sin dirección, tomando después por una calle que bajaba hacia los muelles. La noche era hermosísima y grandes estrellas aparecían en el cielo de verano.
Pensó en la señora rubia que tan generosamente se había conducido e hizo propósitos de pagarle y recompensarla de una manera digna cuando tuviera dinero; pero estos pensamientos de gratitud se desvanecían junto con el ardor de su rostro, hasta que no quedó ninguno, y el hecho reciente retrocedió y se perdió en los recodos de su vida pasada.
De pronto se sorprendió cantando algo en voz baja. Se irguió alegremente, pisando con firmeza y decisión.
Llegó a la orilla del mar y anduvo de un lado para otro, elásticamente, sintiéndose rehacer, como si sus fuerzas interiores, antes dispersas, se reunieran y amalgamaran sólidamente.
Después la fatiga del trabajo empezó a subirle por las piernas en un lento hormigueo y se sentó sobre un montón de bolsas.
Miró el mar. Las luces del muelle y las de los barcos se extendían por el agua en un reguero rojizo y dorado, temblando suavemente. Se tendió de espaldas, mirando el cielo largo rato. No tenía ganas de pensar, ni de cantar, ni de hablar. Se sentía vivir, nada más.
Hasta que se quedó dormido con el rostro vuelto hacia el mar.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

EL VIAJE EN LA LITERATURA

En el ámbito de la tradición literaria, uno de los temas que adquiere una significativa
relevancia es el viaje, indudablemente porque representa, de un modo u otro, la existencia
humana misma. Adquiere, por lo tanto, el estatus de un símbolo o metáfora de la vida humana
con variables que permiten establecer sus diversos sentidos en el plano de la interpretación de
una cantidad importante de obras, reconocidas como clásicas y parte del bagaje cultural de una
persona en nuestra sociedad. En ellas el viaje constituye el concepto que estructura todos sus
elementos, como ocurre en La Odisea, La Divina Comedia, El Quijote, Los viajes de Gulliver,
algunos cuentos de hadas, etc.
Si se considera la vida común y corriente de los seres humanos, el viaje constituye una
actividad cotidiana, habitual, con un propósito definido (realizar un trabajo que permite la
subsistencia, un trámite en alguna oficina, visitar a alguien, ir de compras o a divertirse, etc.) no
exenta de posibilidades insospechadas que muchas veces rompen nuestros esquemas rutinarios
de vida. Un viaje en el metro, en un bus de una ciudad a otra, en una embarcación para ir de un
puerto a otro, tiene un sentido predeterminado, pero que muchas veces adquiere rumbos
impensados que definen nuestra vida hacia horizontes fuera de nuestros cálculos. Podemos
afirmar que nuestra condición de transhumantes se proyecta permanentemente en nuestras
formas de vida y la literatura, como representación de ellas, no hace más que dar al viaje
aquellos sentidos prioritarios que preocupan a los seres humanos.
En todas las literaturas el viaje simboliza una aventura y una búsqueda, se trate de un
tesoro, o de un simple conocimiento, concreto o espiritual. En último término, tiene un sentido
en cuanto significa la búsqueda de la verdad, de la paz, del descubrimiento de un centro y, en
definitiva, del encuentro del sentido de la propia existencia; por esta razón, el viaje, en realidad,
se efectúa en el propio interior del ser, y expresa un profundo deseo de cambio interior, una necesidad de experiencias nuevas y que puede considerarse testimonio de una insatisfacción
que impulsa al ser humano hacia la búsqueda y el descubrimiento de nuevos horizontes.
De este modo, el viaje aparece, y la vida misma lo es, como un destino insalvable,
inevitable: el hombre necesita buscar y conocer. Esta necesidad se convierte en una demanda,
para lo cual tiene que huir de sí mismo y de su propia realidad, para enfrentarse a una realidad
nueva que le permitirá volver sobre sí mismo y darle un sentido nuevo a su existencia. En
términos generales, en el ámbito de la tradición literaria, distinguimos algunas formas
arquetípicas del modo como se ha representado el tema del viaje. De algún modo, todas sus
variables se inscriben en alguna de las siguientes formas: el viaje a los infiernos, el viaje
interior y el viaje por diversos espacios terrestres y sociales.
Formas del viaje en la tradición literaria
- viaje a los infiernos
- viaje interior
- viaje por diversos espacios terrestres o extraterrestres
Sentidos del viaje
- búsqueda de la verdad, de la felicidad, de la inmortalidad
- la peregrinación y la búsqueda de la tierra prometida
- rito de iniciación: el viaje mítico, su sentido y sus etapas
- visión y crítica social: la moral en la vida humana


EL VIAJE EN LA LENGUA Y LA LITERATURA
Revisaremos el concepto de viaje en la lengua y la literatura; esto quiere decir que
revisaremos el viaje:
** Como motivo estructurador de algunas obras literarias
** Como concepto para generar metáforas conceptuales

ACTIVIDAD PREVIA
Reflexiona sobre el concepto VIAJE y responde las siguientes preguntas. Aunque no hay
respuestas buenas ni malas, debemos llegar a un acuerdo en las respuestas luego de que
todo el curso de a conocer sus respuestas.
1. ¿Cuáles pueden ser los propósitos de un viaje?
2. ¿Cuáles son las etapas de un viaje?
3. ¿Recuerdas algún cuento, novela, película o dibujo animado que trate sobre un
viaje?
a. ¿Quién viajaba?
b. ¿Por qué comenzó a viajar?
c. ¿Cuál era el objetivo del viaje?
d. ¿Cómo concluyó ese viaje? ¿Se logró el objetivo?
e. ¿Qué crees que hubiese pasado si el personaje no hubiese realizado ese
viaje?
Guía de lectura
I. Partes de la obra
INTRODUCCIÓN:
QUIEBRE:
DESARROLLO:
DESCENLACE:
II. Análisis
a. ¿Por qué comienza a viajar el personaje? ¿Cuál era el objetivo?
b. ¿Cuáles fueron los hechos más importantes que ocurrieron durante el viaje?
c. ¿Cómo concluyó el viaje? ¿Se logró el objetivo?
d. ¿Cómo crees que los hechos acontecidos influyeron en el logro o no-logro del
objetivo, según corresponda?

EL TEMA DEL AMOR EN LA LITERATURA

El texto que leerás corresponde a un fragmento del capítulo con el que comienza El arte de amar de Erich Fromm, psicólogo social y psicoanalista alemán que vivió entre los años 1900 y 1980.

¿ES EL AMOR UN ARTE?
¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno «tropieza» si tiene suerte? Este libro se basa en la primera premisa, si bien es indudable que la mayoría de la gente de hoy cree en la segunda. No se trata de que la gente piense que el amor carece de importancia. En realidad, todos están sedientos de amor; ven innumerables películas basadas en historias de amor felices y desgraciadas, escuchan centenares de canciones triviales que hablan del amor, y, sin embargo, casi nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor. Esa peculiar actitud se basa en varias premisas que, individualmente o combinadas, tienden a sustentarla. Para la mayoría de la gente, el problema del amor consiste fundamentalmente en ser amado, y no en amar, no en la propia capacidad de amar. De ahí que para ellos el problema sea cómo lograr que se los ame, cómo ser dignos de amor. Para alcanzar ese objetivo, siguen varios caminos. Uno de ellos, utilizado en especial por los hombres, es tener éxito, ser tan poderoso y rico como lo permita el margen social de la propia posición. Otro, usado particularmente por las mujeres, consiste en ser atractivas, por medio del cuidado del cuerpo, la ropa, etc. Existen otras formas de hacerse atractivo, que utilizan tanto los hombres como las mujeres, tales como tener modales agradables y conversación interesante, ser útil, modesto, inofensivo. Muchas de las formas de hacerse querer son iguales a las que se utilizan para alcanzar el éxito, para «ganar amigos e influir sobre la gente». En realidad, lo que para la mayoría de la gente de nuestra cultura equivale a digno de ser amado es, en esencia, una mezcla de popularidad y sex-appeal.
La segunda premisa que sustenta la actitud de que no hay nada que aprender sobre el amor, es la suposición de que el problema del amor es el de un objeto y no de una facultad. La gente cree que amar es sencillo y lo difícil encontrar un objeto apropiado para amar -o para ser amado por él-. Tal actitud tiene varias causas, arraigadas en el desarrollo de la sociedad moderna. Una de ellas es la profunda transformación que se produjo en el siglo veinte con respecto a la elección del «objeto amoroso». En la era victoriana, así como en muchas culturas tradicionales, el amor no era generalmente una experiencia personal espontánea que podía llevar al matrimonio.
Por el contrario, el matrimonio se efectuaba por un convenio -entre las respectivas familias o por medio de un agente matrimonial, o también sin la ayuda de tales intermediarios; se realizaba sobre la base de consideraciones sociales, partiendo de la premisa de que el amor surgiría después de concertado el matrimonio-. En las últimas generaciones el concepto de amor romántico se ha hecho casi universal en el mundo occidental. En los Estados Unidos de Norteamérica, si bien no faltan consideraciones de índole convencional, la mayoría de la gente aspira a encontrar un «amor romántico», a tener una experiencia personal del amor que lleve luego al matrimonio. Ese nuevo concepto de la libertad en el amor debe haber acrecentado enormemente la importancia del objeto frente a la de la función. Hay en la cultura contemporánea otro rasgo característico, estrechamente vinculado con ese factor. Toda nuestra cultura está basada en el deseo de comprar, en la idea de un intercambio
mutuamente favorable. La felicidad del hombre moderno consiste en la excitación de contemplar las vidrieras de los negocios, y en comprar todo lo que pueda, ya sea al contado o a plazos. El hombre (o la mujer) considera a la gente en una forma similar. Una mujer o un hombre atractivos son los premios que se quiere conseguir. «Atractivo» significa habitualmente un buen conjunto de cualidades que son populares y por las cuales hay demanda en el mercado de la personalidad. Las características específicas que hacen atractiva a una persona dependen de la moda de la época, tanto física como mentalmente. Durante los años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, una joven que bebía y fumaba, emprendedora y sexualmente provocadora, resultaba atractiva; hoy en día la moda exige más domesticidad y recato. A fines del siglo XIX y comienzos de éste, un hombre debía ser agresivo y ambicioso -hoy tiene que ser sociable y tolerante- para resultar atractivo. De cualquier manera, la sensación de enamorarse sólo se desarrolla con respecto a las mercaderías humanas que están dentro de nuestras posibilidades de intercambio. Quiero hacer un buen negocio; el objeto debe ser deseable desde el punto de vista de su valor social y, al mismo tiempo, debo resultarle deseable, teniendo en cuenta mis valores y potencialidades manifiestas y ocultas. De ese modo, dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de
intercambio. Lo mismo que cuando se compran bienes raíces, suele ocurrir que las potencialidades ocultas susceptibles de desarrollo desempeñan un papel de considerable importancia en tal transacción. En una cultura en la que prevalece la orientación mercantil y en la que el éxito material constituye el valor predominante, no hay en realidad motivos para sorprenderse de que las relaciones amorosas humanas sigan el mismo esquema de intercambio que gobierna el mercado de bienes y de trabajo.
El tercer error que lleva a suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, radica en la confusión entre la experiencia inicial del "enamorarse" y la situación permanente de estar enamorado, o, mejor dicho, de
«permanecer» enamorado. Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida. Y resulta aún más maravilloso y milagroso para aquellas personas que han vivido encerradas, aisladas, sin amor. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Sin embargo, tal tipo de amor es, por
su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto: en realidad, consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar «locos» el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.
Esa actitud -que no hay nada más fácil que amar- sigue siendo la idea prevaleciente sobre
el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas-de lo contrario. Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores –o renunciaría la actividad-. Puesto que lo último es imposible en el caso del amor, sólo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y estudiar el significado del amor.
El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería.

Erich Fromm, El arte de amar (fragmento)

GUÍA DE LECTURA

1. ¿Cuál es la tesis que plantea el autor? ¿En qué ideas sustenta su tesis?
2. ¿Estás de acuerdo con las propuestas del autor? Enumera cuáles sí y cuáles no. Elige una y desarróllala.
3. Relee el quinto párrafo. ¿En qué consiste la descripción que hace Fromm de la cultura? Imagina que los principios culturales son otros. ¿Cómo sería el amor en esa cultura? Descríbelo